Meditar, ¿por qué debería ser un hábito innegociable?

Por Patricia Ramírez

Desde hace años la meditación ha cobrado más interés del que despertaba. ¿Por qué? Ahora tiene una extensa y rigurosa investigación que avala sus beneficios y que explica cómo reacciona y cambia el cerebro cuando meditamos. Cuando le preguntas a la gente que medita qué beneficios sienten en sus vidas, estos van desde una mayor concentración, más conexión con el presente, menos distracciones, mayor disfrute, paz mental, serenidad y mejora del sueño, hasta la disminución de la irritabilidad. Practicar la meditación de forma regular te vuelve más consciente de todo aquello que pasa a tu alrededor. Hoy sabemos que todos estos cambios tienen el respaldo de la comunidad científica.

Uno de los beneficios de meditar es la mejora de la atención gracias a las ondas gamma. Estas ondas son las que oscilan 40 veces por segundo en nuestro cerebro y se relacionan con la capacidad de atender, de integrar conceptos y con otras funciones cognitivas relevantes. Las investigaciones concluyen además que meditar origina cambios significativos en la actividad eléctrica del cerebro, en la anatomía y en la función conductual (Wendy Suzuki, 2015). Y mejora el estado de ánimo de personas ansiosas.

Para empezar con esta práctica gratificante, puedes:

  1. Primero, documentarte científicamente. Te aconsejo que veas el documental The Connection: Mind Your Body. Está basado en una serie de entrevistas a científicos, investigadores y médicos sobre la corriente mente-cuerpo, y casos de personas que han sufrido ansiedad, estrés y enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, y que han cambiado una serie de hábitos que han facilitado su salud física y mental. El documental está muy bien argumentado y tiene rigor, investigación y ciencia. Cuando lo compras en internet, si no recuerdo mal tiene un precio de unos 10 dólares y también se pueden descargar los subtítulos. Con este documental entenderás el valor incalculable que tiene la meditación en tu salud integral.

  2. Dedica todos los días un ratito a practicarla. Puedes empezar por tres o cuatro minutos, al levantarte. Meditar no supone poner incienso, ni encender velas, nada de eso. Solo es una práctica en la que te centras en un aspecto, como puede ser tu respiración, o puedes pensar varias palabras que puedan servirte de mantra o puedes repasar tu cuerpo y localizar tensiones para dejarlas marchar. Existen apps y páginas de profesionales que te ofrecen prácticas guiadas que te facilitarán introducirte en el mundo de la meditación. Yo te aconsejo la de Beatriz Muñoz, mindfulnessgranada.es, o la de Yolanda Cuevas, www.yolandacuevas.es.

  3. Adquiere una rutina. Cuando un ejercicio pasa a formar parte de nuestro orden cotidiano, es más complicado abandonarlo. Ponte un horario que sea cómodo para ti y practica la meditación dentro de una cadena de actividades que realices siempre en el mismo orden. Por ejemplo: te despiertas, vas al baño, te lavas los dientes, te sientas a meditar, te arreglas y desayunas.

  4. Paciencia, mucha paciencia. Conseguir centrar la atención en una sola cosa es harto complicado. Estamos acostumbrados, y además valoramos, el hecho de hacer varias cosas a la vez. Así que cuando tratas de centrar tu foco de atención en tu respiración, habrá pensamientos que se te crucen. No te desesperes, no te frustres, no pienses que no es lo tuyo. Todo es cuestión de entrenamiento. Poco a poco aprenderás a desatender esas ideas y poder volver a tu momento presente. Hasta el Dalái lama, embajador mundial de la meditación, que medita cuatro horas cada mañana, encuentra esta práctica difícil.

  5. Meditación y autocompasión van de la mano. Si has decidido hacer una inmersión en el mundo de la meditación y beneficiarte de todas sus ventajas, tendrás que ser autocompasivo contigo. ¿Por qué? Porque no te saldrá a la primera, porque meditar, además de una práctica, es una filosofía de vida. Queda desaconsejado criticarte si te sale mal, sentirte culpable si un día no meditas y estar de mal humor si no te concentras, entre otros. Meditar es amabilidad, sobre todo, contigo.

Tener una vida serena depende más de tus prácticas saludables como meditar, descansar y realizar ejercicio que de tener una vida con pocos estresores. El estrés forma parte de la vida. Pero la manera que tenemos de prevenirlo, gestionarlo y enfocarlo sí es algo que decidimos nosotros. Invierte en tu salud emocional, es esencial.

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