Los inconvenientes de la jubilación parcial

La legislación española prevé diferentes clases posibles de jubilación. La más habitual es la ordinaria, que es aquella a la que pueden acogerse los trabajadores con una cotización a la Seguridad Social de, al menos, 37 años y 3 meses (actualizado en base a las tablas de 2021) y 65 años, o, en el caso de que no hayan llegado a esos años de cotización, deberán esperar a cumplir los 66.

Además, existe la jubilación anticipada, que implica adelantar el retiro respecto a la edad establecida según determinados supuestos (como, por ejemplo, por cese voluntario del trabajador, por cese involuntario, por haber desempeñado una actividad penosa, peligrosa, tóxica o insalubre, o por el hecho de sufrir una discapacidad superior o igual al 65%); la jubilación flexible (que consiste en compatibilizar la pensión de jubilación con un trabajo a tiempo parcial), y la jubilación demorada, que es similar a la anterior y que está dirigida a profesionales que han cumplido la edad legal de jubilación pero que quieren seguir trabajando.

Particularidades de la jubilación parcial

Existe una modalidad más que, por su singularidad, exige un análisis más profundo. Se trata de la jubilación parcial, que consiste en la adquisición de un porcentaje de la pensión que le corresponde al trabajador en tanto que desempeña un trabajo a tiempo parcial, siendo reconocido, por ello, con un salario. Para poder acogerse a ella, la persona debe contar con, al menos, 62 años y 8 meses, habiendo cotizado 33 años; o 61 años y 10 meses si ha cotizado 35 años o más. 

La legislación establece que la reducción de la jornada laboral será, por lo menos, de un 25% y, como máximo, de un 50%, sin que exista la necesidad de la celebración simultánea de un contrato de relevo. También es posible que sea de un 75% en el supuesto de que el trabajador relevista sea contratado a jornada completa a través de un contrato de duración indefinida.

Cualquier persona que decida acogerse a la jubilación parcial debe saber que, además de haber cotizado un mínimo de 15 años a la Seguridad Social, dos de ellos deben ser inmediatamente anteriores al momento de cursar su solicitud. Además, en los casos de los contratos de relevo a tiempo completo, se establece el requisito de haber cotizado, al menos, 34 años y 9 meses y contar con una antigüedad en la empresa de 6 años o más.

Una opción económica interesante

La jubilación parcial es compatible, por supuesto, con los contratos y trabajos a tiempo parcial anteriores a la solicitud de entrada en esta modalidad de jubilación, así como con los trabajos concertados después de su solicitud, sin que pueda aumentarse la duración de la jornada que se realizaba. 

También está permitido compatibilizarla con prestaciones por desempleo y pensiones de viudedad derivadas de trabajos a tiempo parcial que hubieran tenido lugar antes de entrar en esta clase de jubilación.

Para cualquier trabajador, la jubilación parcial es una opción muy interesante que vale la pena evaluar, puesto que le da la posibilidad de reducir su jornada laboral, a la vez que recibe el porcentaje de la pensión que le corresponde, cuyo importe, en cualquier caso, no puede estar por debajo de la pensión mínima vigente en ese momento. Además, a diferencia de otras modalidades como la jubilación anticipada, no se aplica ningún coeficiente de reducción, por lo que, en términos globales, la cuantía de estas pensiones es proporcionalmente mayor. Por supuesto, la pensión de jubilación parcial goza de la misma revalorización que el resto de opciones de pensiones contributivas.

Obstáculos a la jubilación parcial

Las pensiones de incapacidad permanente o absoluta y de gran invalidez son incompatibles con la jubilación parcial, así como cualquier otra pensión por jubilación derivada de otra actividad diferente a la que se lleve a cabo en el contrato a tiempo parcial. A estas exigencias se une otra que es, si cabe, más relevante y estructural, como es que, en general, resulta bastante difícil para muchos trabajadores poder acogerse a ella, debido a sus requisitos tan elevados.

Además, desde la óptica de la Administración, esta modalidad de jubilación tiene un coste económico alto, ya que no se aplica ninguna clase de coeficiente reductor, lo que significa, en definitiva, un gasto mayor para el sistema.

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