¿Qué diferencia hay entre un seguro de vida ahorro y un seguro de vida riesgo?

Se trata de los dos productos esenciales para las aseguradoras en su negocio del ramo de vida. Aunque con unas finalidades muy similares, incluso compatibles entre sí como seguro mixto, la diferencia entre ellos es muy significativa a la hora de contratarlos y en buena parte se puede deducir de la denominación de ambos.

En la contratación de cualquier seguro de vida entran en juego cuatro protagonistas esenciales para su formalización:

  • La propia compañía aseguradora con la que se contrata el seguro.
  • El tomador del seguro, es decir, la persona física o jurídica que contrata la póliza.
  • El asegurado, aquel sobre el que se cubre el riesgo asegurado.
  • El beneficiario, que será aquel que reciba la indemnización.

Contemplados los actores que participan en la contratación de esta póliza, y al margen de la compañía con la que se contrate, ya surge la primera diferencia entre las dos modalidades de seguro de vida:

  • En el seguro de vida ahorro, el tomador, el asegurado y el beneficiario pueden ser el mismo sujeto.
  • En el seguro de vida riesgo, el beneficiario siempre tendrá que ser una tercera persona, designada en el contrato de la póliza.

Esa primera diferencia viene determinada por la finalidad que tienen estos dos tipos de seguros de vida, que en un principio pueden parecer muy similares. Pero el riesgo asegurado es muy diferente.

  • El seguro de vida riesgo es el que cubre el fallecimiento del asegurado antes de que finalice el contrato y supone una renta fijada para los beneficiarios designados en la póliza contratada. Si el asegurado sigue vivo al vencimiento del seguro, se da por finalizado el mismo, sin contraprestación por parte de la compañía aseguradora con la que se ha firmado.
  • El seguro de vida ahorro garantiza tanto al propio asegurado, si sigue vivo, como a los beneficiarios el pago de la prestación pactada. Estos productos carecen de unos intereses bajos respecto a otras inversiones de ahorro, pero presentan un riesgo más reducido y una ventaja fiscal, ya que no tributan por la rentabilidad sino solo al cobro de la misma.

La cuantía de la prima a la que tendrá que hacer frente el asegurado dependerá, en todo caso, del riesgo y de la cantidad monetaria que espera percibir él o sus beneficiarios. Esa indemnización final de la póliza podrá recibirse tanto en un pago único como a modo de renta periódica.

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