Cómo evitar el despilfarro alimentario en la cocina

Debemos tomar conciencia de la importancia de no desperdiciar comida, cocinar de manera responsable y comprar de forma sostenible. Muchas veces parecen acciones pequeñas e insignificantes para un cambio global, pero basta con conocer algunos de los datos del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación sobre desperdicio alimentario para darnos cuenta de la magnitud que supone este problema.

  • Un tercio de los alimentos producidos se pierde o desperdicia en el mundo. Esto equivale a aproximadamente 1.700 millones de toneladas de alimentos al año.
  • Las tasas más altas de desperdicio se sitúan en casi el 50 % para frutas, hortalizas y tubérculos; 35 % para pescados y mariscos; 30 % para cereales, y 20 % para carnes y productos lácteos.
  • Una cuarta parte de las pérdidas y el desperdicio de alimentos permitirían alimentar a 870 millones de personas cada año. Solo en Europa, las pérdidas y desperdicio producidos permitirían alimentar a 200 millones de personas.
  • En la Unión Europea, entre un 30 y un 50 % de los alimentos comestibles no llegan a ser consumidos nunca.
  • El desperdicio alimentario causa un 10 % de los gases de efecto invernadero.
  • El aumento previsto de la población mundial de 7.000 a 9.000 millones de habitantes requerirá un incremento mínimo del 70 % del abastecimiento en alimentos para 2050.
  • El 28 % de la superficie agrícola del mundo (1,4 millones de hectáreas) se usa anualmente para producir alimentos que se pierden o desperdician.

Mientras que en los países en desarrollo las pérdidas y desperdicio alimentario ocurren principalmente en las primeras etapas de la cadena de valor, es en los países más desarrollados y de ingresos altos donde el mayor porcentaje de desperdicio se produce en las últimas etapas del suministro. En 2018, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO) reveló que el desperdicio alimentario en Estados Unidos, Europa, China, Japón y Australia se da, sobre todo, durante la distribución y en la nevera del consumidor.

El comportamiento de los consumidores y compradores tiene un papel muy importante en la reducción de este despilfarro. Por lo tanto, está en nuestras manos el poder encontrar una solución al problema.

Conociendo estos datos podemos tener una perspectiva más global de este problema y buscar maneras de reducir este desperdicio. Una de las mejores formas para lograrlo y ser conscientes de nuestro impacto es seguir la regla de las tres R: reducir, reutilizar y reciclar. En este orden.

Todo empieza en la compra y la cocina

Sin lugar a dudas, la cocina es el lugar donde más residuos solemos generar, pero todo empieza antes. Debemos comprar con cabeza, ya que tener un exceso de ingredientes y productos que puedan caducar conlleva que generemos más residuos. Ya sabéis que siempre recomiendo una planificación previa de nuestra dieta semanal para comprar únicamente aquello que necesitamos. Incluso hay otras opciones, como el batch cooking, que además favorecen la sostenibilidad y el ahorro energético, tal como os comenté hace unos meses.

Platos cocinados a partir del Batch cooking

También debemos tener en cuenta que reducir no se centra únicamente en los productos o ingredientes que consumimos, sino también en los recursos. Ejemplo de ello es cerrar bien el grifo o apagar los electrodomésticos que ya no estéis utilizando.

La importancia de dar una segunda vida a las cosas

Una vez hayamos reducido nuestro consumo y compra de productos a los estrictamente necesarios, debemos saber qué hacer con los residuos que generamos. Idealmente debemos favorecer la compra a granel y dejar de consumir plásticos de un solo uso. También podemos apostar por los envases de cristal, a los que podemos dar una segunda vida usándolos como recipientes para almacenar ingredientes u otros materiales.

10 trucos para usar menos plástico

Hace unos meses os presenté también una serie de hacks caseros que os pueden servir para sacar el máximo provecho a vuestros ingredientes. Algo tan simple como reutilizar la piel de la patata o regar las plantas con el agua que hemos usado para hervir son pequeños gestos que suman mucho.

Hay que reciclar más y mejor

El primer paso para reciclar es no generar tanta basura. Deberíamos tener bolsas o cubos de basura con tapas de colores que coincidan con los colores del reciclaje, es decir, verde para el cristal, azul para el papel y amarillo para el plástico. En la medida de lo posible, también debemos tener un cubo de basura aparte para los restos orgánicos.

Parece que en España aún no hemos podido dar con la fórmula para llevarlo a cabo, ya que solo reciclamos una tercera parte de nuestros residuos y nos encontramos más de 10 puntos por debajo de la media de la Unión Europea. Alemania es el país que más recicla sus residuos, superando con creces los objetivos que fija la Unión Europea para 2035: ya ha superado el 65 %. Austria, Bélgica y Holanda superan desde 2016 el 50 %, mientras que otras potencias europeas como Francia, Reino Unido o Italia rondan el 40 %.

Una de las dudas más frecuentes a la hora de separar residuos es si podemos reciclar un envase con manchas o restos de productos. En general, deberíamos limpiar todo lo posible los envases que vayamos a reciclar, vaciando el contenido y enjuagando bien las botellas, botes, tetrabriks, yogures, etc.

Otras ideas pueden ser crear abono para nuestras plantas con restos de comida y los posos del café o, por ejemplo, congelar las sobras de una comida para otro día.

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