Cuida a los que tienes alrededor, un día no estarán a tu lado

A pesar de que la esperanza y la calidad de vida cada vez son mayores, tarde o temprano llega un momento en el que los seres queridos nos dicen adiós. A veces tenemos la suerte de poder prepararnos para el momento. Esto significa poder disfrutar de la persona, recordar, solventar conflictos y mostrarles todo nuestro amor y afecto. Pero otras veces nos pilla de sopetón. Un accidente, una muerte repentina, la distancia… El desarrollo del duelo dependerá en gran parte de cómo hayamos gestionado la calidad de la relación en vida.

Con las personas de confianza solemos relajarnos en exceso, por la simple conclusión de que el amor incondicional lo aguanta todo. Y bajo esa estúpida premisa, hablamos a nuestros mayores con un tono irascible, incluso desquiciado, fruto de la ansiedad del trabajo, las prisas del mundo tecnológico, las frustraciones con los hijos y la familia, como si los mayores fueran el cubo de la basura en el que poder verter todo. Total, como es tu madre o tu padre, están obligados a que te vacíes con ellos.

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No solo les cuentan todos los problemas, sino que la gente suele ser poco transigente con ellos. Los mayores han sido las personas que han resuelto problemas cuando tú eras pequeño; tenían liderazgo, tomaban decisiones, te protegían, eran resolutivos, tenían autonomía, y ahora te cuesta ver esa imagen en la que se les caen las cosas, dudan, olvidan y se sienten inseguros. Sueles ir tan alterado, que no les dejas pasar ni una. Si se olvidan de su cita con el médico, les gruñes; si cometen alguna torpeza y tiran algo, te alteras; si preguntan tres veces por lo mismo, les dices que ¡hay que ver!, con lo que eran, y que ahora lo preguntan todo, y si te dan un consejo, respondes: “Mamá, es que no te enteras de nada”. Es cierto, se enteran de poco, pero nosotros también. El mundo corre a una velocidad vertiginosa y a muchos de ellos no les da tiempo a ponerse al día. Las facultades empiezan a flaquear, se deprimen y se sienten ansiosos por no tener las capacidades de antaño. Cuanto más regañes a tus mayores, más torpes se mostrarán. Es muy cruel hablarles de forma que pueda hacerles sentirse ridículos. Cada vez que les corriges, les gritas o les faltas al respeto, no estás siendo empático con su situación ni con su edad.

Cuando hablas mal a tus mayores, terminas por sentirte culpable, sientes remordimientos y piensas: “Mañana les llamaré y hablaré con ellos”. Pero no siempre hay un mañana.

1. Sé dulce, amable y cariñoso con ellos. Utiliza palabras cargadas de emociones.

2. No hagas reproches del pasado, ya no hay tiempo para corregirlos.

3. Toca, besa, abraza…

4. Sé paciente con ellos. No es la persona que te acompañaba al colegio, ni la que te resolvía tus problemas de joven. Es alguien con más edad, con dificultades para expresarse, para sujetar las cosas, para recordar lo que te ha dicho hace media hora.

5. No lo corrijas todo. Deja que se equivoquen. Si estás continuamente diciéndole que todo lo hace mal, ocurre como con los niños: le harás sentirse triste y bajarás su autoestima.

6. Escucha sus batallitas. Sí, las repiten una y otra vez, te las sabes de memoria, pero a ellos les encanta y les lleva a un momento maravilloso de sus vidas. E invita a tus hijos a que las escuchen. Los abuelos son cuentacuentos.

7. Sé empático con su punto de vista y con sus valores. Tú has evolucionado, pero ellos no siempre lo han conseguido. Sus ideas políticas, religiosas, sus costumbres, lo que se hacía “en sus tiempos”, para ellos sigue vigente. Ni tú los vas a cambiar, ni ellos a ti. Pero respetarse es fundamental.

8. Si no tienes ganas de oír los consejos que a veces dan, dilo de forma amable, pero no los subestimes: “Menuda tontería piensas, eso ya no es así”. Es más fácil sustituirlo por: “Mamá, eso ahora es anticuadillo; mira, ahora se lleva esto”. Así también los podrás hacer partícipes de tu momento.

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Trata a tus mayores como si mañana –mañana no dicho en modo figurado, sino mañana, mañana– no fueran a estar contigo. No te confíes, no siempre tendrás la oportunidad de corregir lo que haya sido un agravio.

Y recuerda,  cuidarse hoy es una inversión de futuro.

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