¿Cuál es la mejor cuenta de ahorro según tu objetivo?

Si tu objetivo es ahorrar, la cuenta de ahorro parece la mejor opción pues, como su propio nombre indica, se trata de un producto financiero que nos permite generar intereses simplemente depositando nuestros ahorros en la cuenta. Además, las sucursales bancarias son conscientes de que no todos sus clientes quieren comprometerse a un depósito a plazo fijo y, por eso, actualmente ofrecen rentabilidades muy competitivas en sus cuentas de ahorro.

Características de la cuenta de ahorro

Este tipo de cuentas ofrecen un tipo de interés a cambio de que depositemos nuestros ahorros en la cuenta. Es diferente a una cuenta corriente, ya que esta última pretende facilitar nuestras operaciones financieras, es decir, los movimientos de nuestro dinero, mientras que en la de ahorro es todo lo contrario: dejar reposar nuestro dinero a cambio de una rentabilidad que fijamos con nuestro banco previamente.

Pero entonces, ¿por qué buscamos más tipos de cuentas para ahorrar, siendo esta la opción más clara? La respuesta es simple: muchas entidades bancarias piden que cumplamos ciertas condiciones, como el ingreso de una nómina, para conseguir una rentabilidad, cosa que hace que el objetivo intrínseco de la “cuenta de ahorro” deje de ser simplemente ahorrar.

Así que, la decisión dependerá del objetivo que tengamos. Además de la cuenta de ahorro, también existen otros tipos de cuentas, que nos permitirán realizar diferentes operaciones, con otros beneficios.

La cuenta remunerada

Este tipo de cuenta presenta una característica especial: se trata de un híbrido entre nuestra cuenta de ahorro y nuestra cuenta corriente de siempre. En la cuenta remunerada, los tipos de interés son más altos, ya que las entidades bancarias pretenden fidelizar a sus clientes y que estos unifiquen todos sus productos financieros en un mismo banco.

La cuenta de ahorro y la cuenta remunerada parecen no tener muchas diferencias, pero lo cierto es que, en el caso de la cuenta de ahorro, conseguimos rentabilidad a cambio de depositar nuestro dinero en el banco, y en la remunerada, obtenemos la rentabilidad por el hecho de contratar productos o cumplir ciertas condiciones.

Requisitos de las cuentas de ahorro y remunerada

En cuanto a los requisitos de registro, suelen ser comunes y los más frecuentes son: ser cliente nuevo de la entidad, ser mayor de edad y presentar la documentación de identidad pertinente. Aun así, ambas cuentas se diferencian en las condiciones de contratación.

Por un lado, la cuenta de ahorro crea condiciones que limitan la retribución máxima que se puede conseguir. Así, se limitan los saldos máximos a rentabilizar y la duración. Aunque sea poco frecuente, también existen períodos de permanencia.

Por otro lado, la cuenta remunerada exige condiciones de contrato y las más frecuentes son: saldos mínimos en la cuenta de ahorro que nos permitan conseguir la rentabilidad que queremos, saldos máximos cuando la TAE es muy alta y comisiones de la cuenta corriente asociada. Además, nos exige la vinculación de otros productos, como el ingreso de nómina o la domiciliación de recibos.

Factores decisivos

Para poder tomar una decisión y elegir correctamente la cuenta que cubrirá nuestras necesidades y hará que cumplamos nuestros objetivos, debemos tener en cuenta ciertos factores antes de empezar a ahorrar.

  • TIN: El tipo de interés TIN suele ser el que está exento de gastos o comisiones por apertura o mantenimiento de la cuenta. Si la cuenta está exenta de TIN, probablemente las condiciones TAE no serán tan atractivas.
  • Permanencia: Si para obtener beneficios te obligan a permanecer un tiempo determinado, quizá deberías plantearte contratar un depósito a plazo fijo con una rentabilidad más competitiva por ese mismo período de tiempo.
  • Condiciones vinculantes: Domiciliación de gastos, ingreso de la nómina, etc. Si ya eres cliente del banco, plantéate opciones sin condiciones, ya que un incumplimiento de las mismas supondrá una penalización.
  • Gastos adicionales: En las cuentas remuneradas, asumir ciertos gastos, como de apertura, mantenimiento o movimientos, puede hacer que el beneficio final se pierda. Aceptar condiciones adicionales puede eliminar estos gastos adicionales, siempre que estés seguro de que podrás cumplirlas.
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