“La pandemia es una emergencia geriátrica”

José Hernández-Rodríguez, internista en el servicio de enfermedades autoinmunes del Hospital Clínic de Barcelona, detalla su experiencia en la gestión de la Covid-19 y los resultados preliminares del estudio que lidera en personas mayores, en una conferencia que se pronunció en el Longevity World Summit 2020 este diciembre.

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Las sociedades de los países desarrollados cada vez son más longevas. Una nueva realidad compleja y con múltiples implicaciones, hoy objeto de estudio, análisis y reflexión desde varios puntos de vista. La Universitat de Barcelona y el Longevity Institute han celebrado este diciembre el Longevity World Summit 2020 (LWS2020), un evento online en el que a lo largo de cuatro días se han sucedido diversas ponencias en las que se ha profundizado en los principales retos derivados del aumento de la esperanza de vida.

El internista en el servicio de enfermedades autoinmunes del Hospital Clínic de Barcelona, José Hernández-Rodríguez, fue el encargado de pronunciar la conferencia Covid-19, la pandemia de las personas mayores: ayudando desde un hospital. En su explicación, relató las vivencias de los primeros compases de la pandemia y los meses posteriores y proporcionó detalles del estudio clínico que dirige sobre la Covid-19 y las personas mayores.

Los datos sobre la pandemia no dejan lugar a dudas sobre su importancia: más de 60 millones de infectados en el mundo, de los que 1,5 millones están en España, donde, con datos de noviembre de 2020, se han producido más de 46.000 muertos vinculados a esta enfermedad. “Una verdadera catástrofe”, señala Hernández-Rodríguez.

¿Qué sabemos hoy de esta enfermedad? En los pacientes que la padecen, una neumonía bilateral es lo que causa la muerte. Además, son las personas mayores el grupo más vulnerable. “La pandemia es una emergencia geriátrica”, explica este profesional sanitario.

De hecho, Hernández-Rodríguez detalla que “ser mayor de 65 años es un riesgo de mal o peor pronóstico en la Covid-19”. Y es que a partir de los 65 años, según el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, el riesgo de hospitalización para este colectivo aumenta 5 veces respecto a los más jóvenes. Asimismo, el riesgo de morir aumenta considerablemente (90 veces más). En el caso de los mayores de 85 años, el riesgo de fallecer aumenta hasta 630 veces. De cada 10 personas que mueren por Covid-19, un 80% son mayores de 65 años.

Los datos reflejan una realidad que lleva a centrar las miradas en las residencias geriátricas. En España hay 5.417 centros de este tipo, con una capacidad para 372.000 personas, lo que supone que albergan a menos de 5 personas por cada 100, que es lo que recomienda la OMS.

“Unos 19.500 ancianos que vivían en residencias han fallecido por la Covid-19. Eso significa que casi el 72% de las muertes registradas en España se han producido en estos establecimientos. Por sí mismo ya es un desastre, pero, comparado con otros países de Europa, es una catástrofe absoluta”, explica el internista en el servicio de enfermedades autoinmunes del Hospital Clínic de Barcelona. Según los datos de diciembre de 2020, más de 26.000 ancianos han muerto en residencias en España. Catalunya, Madrid y las dos Castillas lideran el ranking. “Unos 500 muertos por semana”, destaca el doctor, quien pone en valor que las cifras experimentan ahora un descenso “gracias al personal sanitario”.

“No hay ningún país europeo cuya contabilidad oficial alcance un porcentaje similar. Con datos actualizados, en Alemania los fallecidos en residencias constituyen el 35% del total registrado en el país; en Francia, el 50% (esta cifra está en cuestión), y en Bélgica, el 55%. En Inglaterra y Gales, la cifra se sitúa en el 16%, y en Escocia, en el 46,5%. Portugal se queda en un 40% de todos los fallecidos”, detalla.

¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Cuál ha sido el problema? Un informe italiano subraya cuestiones que resultan muy familiares en España: falta de médicos y dificultades para trasladar a los enfermos de las residencias a los hospitales.

En palabras del ponente, “la pandemia ha tenido un impacto social muy grande”. Esto se debe a que las personas mayores no han tenido un trato preferencial en la pandemia e incluso se les ha llegado a negar la atención hospitalaria y han sido discriminados en la desescalada de la primera ola.

“Los mayores han sufrido un doble confinamiento en las residencias: aislamiento social y emocional. Además, la reducción de la actividad física y los problemas de sueño han empeorado su salud”, indica.

Investigación en marcha

En cuanto a la investigación, actualmente hay en marcha 220 estudios sobre población geriátrica respecto a los 4.000 estudios sobre la Covid-19 en general. “Lo que sabemos ahora es que la reacción inflamatoria es fundamental en el empeoramiento del paciente”, indica el médico. “Cuando llegó la Covid-19 no había evidencia de qué fármacos había que utilizar. Ahora sabemos que la enfermedad provoca una tormenta de citocinas”, afirma.

La experiencia a la hora de plantear un ensayo clínico ha llegado a ser “una carrera tormentosa de obstáculos” por los siguientes motivos:

  • Enfrentamiento entre algunas especialidades.
  • Sociedades científicas y estatutos internos.
  • Compañías farmacéuticas y sus intereses particulares.
  • Administración y burocracia.

Hernández-Rodríguez explica que en el estudio que él lidera trabajan con dos fármacos, glucocorticoides y colchicina, ambos con propiedades antiinflamatorias e inmunomoduladoras. En el ensayo Fragile Colcovid-19, que es así como se llama, se busca evaluar si un ciclo corto de corticoides administrado con colchicina reduce al menos un 20% la mortalidad por Covid-19 comparado con el tratamiento estándar.

El estudio se lleva a cabo con 144 pacientes de tres centros sanitarios durante 13 meses. La edad mínima es de 65 años. Todo el tratamiento cuesta 2,60 euros. Por ahora los resultados demuestran que el tratamiento está siendo bien tolerado, que los pacientes mejoran y que pueden ser dados de alta. Las principales ventajas son que se trata de un tratamiento por vía oral, bien tolerado y barato, asumible por cualquier sistema de salud, para personas mayores y que se puede administrar en hospitales y residencias.

La experiencia de Hernández-Rodríguez en el transcurso de la pandemia le ha llevado a concluir que, ante una emergencia sanitaria de este calibre, lo importante es “sumar esfuerzos entre especialidades, entre comunidades y entre países”.

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