Pequeños ahorros a largo plazo son grandes ahorros

Los ahorros que vamos acumulando poco a poco tienen al final del camino una recompensa: con el tiempo, si se ha sido constante, se convierten en grandes ahorros.

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En el blog de VidaCaixa hemos contactado con Pedro J. Cuestas, profesor de la Universidad de Murcia, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y Consultor de Marketing en #CyAMarkeTeam, entre otros, para que nos explique cómo este esfuerzo de ahorro se engrandece a largo plazo.

https://www.youtube.com/watch?v=QWf1b9V_6k4&feature=youtu.be

“El primer paso para iniciar una plan de ahorro es iniciar uno de contención del gasto o realizar inversiones en productos, ya sean reales o financieros, que generen a su vez rentabilidad, sin tener que aplicar trabajo o dedicación a los mismos”, señala Cuestas. “Convertir esas pequeñas aportaciones de ahorro periódicas en grandes ahorros futuros requiere disciplina y constancia. Estos dos elementos, a veces, necesitan el refuerzo de un ‘compromiso de ahorro’ periódico que el pequeño ahorrador vaya cumpliendo”, añade este experto al respecto.

Pero, ¿qué entendemos por ahorro? Y más importante, ¿cuál es la mejor manera de ahorrar? En relación a la primera pregunta, la definición que más se adapta a la realidad de la mayoría de los ciudadanos es que el ahorro es aquel remanente del total de los ingresos de cada uno, los cuales generalmente coinciden con la nómina a final de mes en el caso de los asalariados, que no se dedica a los gastos corrientes en un determinado periodo de tiempo. Por otro lado, y en relación a la segunda cuestión, Cuestas explica que la mejor manera de ahorrar para cada uno depende de cada ahorrador y de su perfil de riesgo.

“Los productos financieros normalmente tienen una relación inversa entre rendimiento y riesgo: a mayor potencial de intereses generados, más riesgo hay. Por ejemplo, un depósito a plazo suele ser menos rentable que invertir en determinados fondos de inversión, pero la posibilidad de obtener una mayor rentabilidad es mayor en el caso del fondo, aunque existe el riesgo de obtener rentabilidades negativas”, explica el profesor.

Para arrojar más luz sobre la cuestión pone sobre la mesa la teoría de las perspectivas, de Daniel Kahneman (premio Nobel de Economía en el 2002) y Amos Tversky. “Esta teoría modeliza los comportamientos de los individuos en entornos de incertidumbre, mostrando que, en general, los individuos sobrevaloramos las pérdidas y adoptamos comportamientos que tratan de reducir la posibilidad de que estas se produzcan”. Es decir, tendemos a ser conservadores, en general, con el dinero.

Según explica Cuestas, el ahorro está condicionado por tres elementos:

  • Ingresos: en este punto lo que debemos hacer, según señala el profesor, es “adoptar decisiones que permitan maximizarlos”.
  • Gastos: Cuesta sugiere en esta cuestión “llevar una adecuada supervisión de los mismos, tratando de reducir los gastos superfluos o suntuarios al nivel que se decida, de modo que ello permita alcanzar el ahorro previsto”.
  • Resultados: Por último, el experto considera que en este capítulo hay que “realizar alguna inversión en activos productivos que puedan permitir obtener rentas adicionales, las cuales a su vez se suman al ahorro”.

El ahorro y la inversión que pueda hacer uno dependen en gran medida, como hemos visto, de la mayor o menor aversión al riesgo que tenga cada uno. Ahora bien, Cuestas recomienda, en relación a cómo invertir el ahorro mensual, “construir una parte del ahorro en activos con bajo riesgo y elevada liquidez, para poder afrontar necesidades de liquidez inesperadas (cuentas de ahorro, por ejemplo), y poner otra parte del ahorro en activos de menor liquidez pero con mayor potencial de rentabilidad, como pueden ser los fondos de inversión o los fondos de pensiones”.

Cuestas pone en valor el “subsidio fiscal vía desgravación en el IRPF” que proporcionan productos de ahorro como los planes de pensiones, los PIAS o los SIALP. “Esto los convierte en los preferidos por la mayoría”, señala. Desde principios de 2015, lo máximo que se puede aportar a un plan de pensiones son 8.000 euros anuales o una cantidad que no supere el 30% de los rendimientos netos del trabajo. La aportación realizada reduce la base imponible general. Dicho en otros términos, si los rendimientos netos del trabajo ascienden a 40.000 euros y se decide aportar 8.000 euros, se tributará en la renta por 32.000 euros. Es decir, reducimos el tipo marginal. Ahora bien, el profesor apunta que “el inconveniente que suelen tener es que el rescate de la inversión en los mismos es más complicado y genera obligaciones fiscales”.

¿Qué hay que hacer para rescatar un plan de pensiones? Cumplir con alguno de los siguientes requisitos:

  • Jubilación
  • Invalidez
  • Fallecimiento
  • Dependencia severa o gran dependencia
  • Desempleo de larga duración
  • Enfermedad grave

 

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