O es ahora… o será mañana

Por Patricia Ramírez.

Tranquilo, si no es este tren, será el siguiente. Si se te pasa el arroz, lo coceremos de nuevo, y si no ganas hoy, será en la próxima competición. A pesar de que hay un grupo de personas a las que les motiva la idea del “ahora o nunca”, “si no sales a ganar, no sales a nada”, para muchas otras puede suponerles una presión añadida, un estilo basado en la exigencia, que más que motivar, les limita.

No podemos confundir la educación en el esfuerzo con la idea equivocada de la perfección. Querer ser perfecto, unido a un exceso de exigencia, bloquea más que suma. Nos educaron en “obedecer a la primera”, “si no sale a la primera está mal” y “cuanto más, mejor”, y una gran parte de la población anda frustrada, con baja autoestima y desmotivada debido a esta filosofía.

Si no es ahora, será mañana, y si no está perfecto, también está bien como está. ¿Cómo te sentirías si pudieras empezar a vivir sin la presión de tener que hacerlo todo perfecto, de poder dejar de revisarlo todo antes de entregarlo, de darle vueltas a tus temas después de salir de trabajar, o de no revisar cada palabra que has dicho, no sea que sea ofensiva? ¿No vivirías con un peso menos en la mochila?

Todo pasa por cambiar un poco la filosofía. Empezar a dejar de ser exigente contigo mismo también relajará a tu familia, a tus amigos y a tu equipo de trabajo. Porque quien se exige, suele tener la misma medida para los suyos y los lleva a un ritmo extenuante. Muchos de mis pacientes son fruto de madres y padres exigentes para los que una buena nota nunca era suficiente, siempre se podía sacar algo mejor. ¿Y a qué lleva esto? A no poder disfrutar, ya que siempre, siempre lo podemos hacer mejor. Salvo que dejemos de exigirnos este martirio.

La exigencia es uno de los defectos más valorados, y pagamos un coste muy alto por ella: nuestra propia felicidad. Así que tratemos de bajar el listón. Y tranquilo: cuando lo bajas, no baja tu rendimiento, lo que baja es tu ansiedad.

  1. Quédate con la idea de que la perfección no existe. Puedes revisar esa documentación cien veces, siempre habrá alguien que encuentre una mejora que no has visto tú.

  2. Exigente no es exitoso. No hay una relación directa entre tu nivel de exigencia y tus resultados. Es más, hay veces que la propia exigencia eleva tu nivel de ansiedad y te lleva a cometer más fallos. En la mesura y el equilibrio está el rendimiento. Si bien es cierto que el esfuerzo y el trabajo concienzudo y profesional llevan a una mejora del rendimiento, la frontera de “pasarse de la raya” no siempre está clara. Así que tendrás que aprender a conocerte y saber cuándo debes dejar de implicarte.

  3. Establece tus criterios personales de calidad. Significa que, con tu experiencia, decidas cuántas veces debes releer un informe, repasar un correo, revisar las cuentas del comité, etc. Decide un número de veces que te asegure que esté correcto. Correcto, no perfecto. Y después de ese número, no revises ni corrijas más.

  4. Si eres un buen profesional, no necesitas más presión. La presión es para los que no trabajan con la responsabilidad suficiente, para los que no cumplen los plazos, para los que tienen que exigirse de más porque los días previos han hecho de menos. No para alguien que lleva al día su trabajo y que cumple con sus responsabilidades. No necesitas recordarte lo importante que es una prueba; ya lo sabes, te has preparado para ello. Decirte que es ahora o nunca o que no puedes fallar, solo te hará sentir nervioso. Y los nervios dificultan tu rendimiento.

  5. Tus fallos, tus victorias, tus resultados, no te definen como persona. Tú eres alguien maravilloso logres lo que logres. Tienes que aprender que tu valor como persona no depende de tu valor como profesional. Somos mucho más que resultados. Somos amigos, generosos, amables, divertidos, empáticos, profesionales, padres, madres… Somos personas, más allá de lo que nos sale bien o de lo que nos sale mal.

  6. ¿Quién te quiere por tu exigencia? ¿Alguna vez te lo has preguntado? Quien te quiere de verdad no va buscando tu exigencia ni tu nivel de perfeccionismo. Quien te quiere de verdad lo hace por otros valores. Puede que este ritmo frenético te lo pida alguien con intereses personales, alguien a quien así le facilitas su trabajo o su vida.

  7. Realiza actividades que te hagan sentir bien. Normalmente nos gustan las aficiones para las que somos hábiles, para las que tenemos talento, las que nos salen sin mucho esfuerzo. Este tipo de actividades suben nuestra autoestima y mejoran nuestro estado de ánimo. Y no requieren exigencia ni esfuerzo, solo disfrute.

  8. Juega a trabajar. Verás que así todo es más fácil. Jugar nos relaja, permite aprender mejor, libera endorfinas, y nos volvemos más atrevidos y divertidos cuando jugamos. Incluso más creativos. ¿Por qué el trabajo debería ser algo serio? No te confundas, jugar no es una conducta irresponsable. De hecho, los animales más evolucionados son los que más tiempo dedican al juego.

¿Mandas tú o manda tu exigencia? Aprende a retarla, ya que en la perfección no está la felicidad.

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